
Un día llegó para analizarlo e intentar curarlo, un grupo multidisciplinario. Cada uno respondió desde su lugar por qué el muchacho se decía enamorado:
Un médico habló no se qué cosas sobre las hormonas; un farmacéutico le quiso dar pastillas para no soñar; un psiquiatra, inhibidores sexuales; un mecánico le preguntó si al menos estaba buena; un cura le habló del pecado: un testigo de Jehová le dijo que se apure porque se termina el mundo; un periodista le preguntó qué-cómo-cuándo; un marxista le advirtió que no perdiera conciencia de clase; un tecnócrata, de qué iban a vivir; un librero le ofreció aforismos a buen precio; un psicoanalista, le explicó que esa una transferencia del deseo por la madre, mientras fumaba su pipa; un diputado le preguntó cuánto había; un kiosquero le vendió un bonobon; y un poeta… le explicó que era porque tenía alas.
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